CP Ángel Martínez Baigorri

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HÁBITOS Y VALORES

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El desarrollo de hábitos y valores configura una dimensión esencial de la educación de las personas y constituye un eje del desarrollo de las competencias claves incluidas en el currículo. Por ello es aconsejable poner a disposición de los centros escolares y de las familias materiales y propuestas que favorezcan este aspecto educativo fundamental.

El establecimiento de un “Sistema de Indicadores del grado de desarrollo de hábitos y valores del alumnado de Primaria” ofrece una herramienta muy práctica a la hora de definir, concretar, observar y evaluar el desarrollo de valores humanos y hábitos positivos en el alumnado de esta etapa. Ello permite al profesorado y a las familias contar con una útil referencia para la educación en valores de su alumnado e hijos.

Los valores humanos, éticos, sociales y cívicos son cualidades que configuran la personalidad, estructuran el carácter para entablar una convivencia positiva y ayudan decisivamente en la orientación fundamental de la propia vida. La educación sistemática en estos valores, consolidados en la forma de hábitos, contribuye a que el alumnado mejore su competencia para aprender y tener iniciativa, estimula la motivación, el esfuerzo y las capacidades de reflexión, síntesis y estructuración. Ayuda a niños, niñas y jóvenes a conocerse a sí mismos, a enfrentarse a los problemas, a experimentar y realizar proyectos en equipo, a trabajar de forma responsable, a relacionarse de manera respetuosa y proactiva con los demás y a asumir compromisos de valor contribuyendo al bien común de la sociedad en la que viven, y sirviendo así de base al desarrollo de las virtudes cívicas y a la mejora social.

La complejidad de la sociedad actual y el pluralismo de valores exigen a la escuela y a las familias un esfuerzo por dotar a los niños y jóvenes de competencias humanas, éticas y cívicas para enfrentarse a la vida de manera fructífera y congruente.

La promoción de los valores educativos y virtudes cívicas en las familias y en los centros escolares se muestra como un elenco de competencias fundamentales para la vida y el desarrollo personal. Se trata de fortalezas especialmente significativas en el perfeccionamiento de personalidades maduras. El elenco de las mismas sería casi inagotable, pero una simple enumeración es muy elocuente a la hora de advertir su importancia y su potencial: El respeto y la tolerancia, el esfuerzo, el trabajo bien hecho, la responsabilidad, la constancia, el orden, la iniciativa, la creatividad, la capacidad estética, la lealtad, el afán de superación, el autocontrol emocional, la deportividad, la resistencia a la frustración, la capacidad de compromiso, la ciudadanía activa a favor del bien común, la generosidad y la solidaridad...

Suele decirse que lo que no se evalúa se devalúa. Esto también ocurre en el ámbito de la formación del carácter y el cultivo de los valores y actitudes. Por este motivo, el sistema de indicadores puede ayudar a identificar mediante la observación de la actividad diaria algunos de los valores más significativos al respecto, así como a determinar su grado de desarrollo.

El presente Sistema de indicadores ofrece un repertorio estructurado de indicadores que pueden ser utilizados tanto para el diagnóstico como para el seguimiento de los planes de mejora. Pretende ofrecer una estructura sencilla, operativa y fácilmente comprensible para el profesorado y las familias.

Los indicadores se refieren a cuatro tipos de hábitos y valores:

1. Indicadores referidos a hábitos y valores que facilitan la convivencia y la vida escolar.

2. Indicadores referidos a hábitos y valores que facilitan el trabajo y el estudio.

3. Indicadores referidos a hábitos y valores que favorecen el bienestar personal y familiar.

4. Indicadores referidos a hábitos y valores que favorecen el compromiso con las personas y la sociedad.

Se articulan mediante un sistema de rúbricas que describen los diferentes niveles de desarrollo de cada aspecto incluido en el indicador.

Cada indicador se compone de un enunciado del aspecto incluido en el mismo, una definición o aproximación conceptual y la secuenciación o gradiente del logro de ese aspecto. Para esto último se utiliza una escala de cinco niveles que se denominan: nivel mínimo, nivel bajo, nivel medio, nivel medio alto, nivel alto-óptimo.